jueves, 5 de marzo de 2009

CONTAMINAME





Contamíname
Felicidad, obesidad y buena salud se contagian. La ciencia demuestra que los amigos influyen en tus hábitos y comportamiento más de lo que te imaginas
TRES GRADOS DE SEPARACIÓN. No solo te afectan tus íntimos; también los amigos de los amigos de tus amigos.
Si te empeñas en adelgazar, o en aprender inglés definitivamente, y no hay manera, no te culpes demasiado a ti mismo. Recientes investigaciones demuestran que nuestros hábitos y nuestro comportamiento se ven influidos por nuestros amigos y conocidos de un modo mucho más importante de lo que podríamos imaginar.
Y no solo eso: también estamos al albur de los ánimos de amigos de amigos, y de amigos de amigos de nuestos amigos… gente que tiene tres grados de separación de nosotros y a la que nunca hemos conocido, pero cuyo ánimo puede traspasar nuestra red social como si se tratase de un virus. Apunta: felicidad y depresión, obesidad, alcoholismo y tabaquismo, mala salud, la disposición a arreglarse y salir de casa para ir a votar cuando hay elecciones, un gusto por cierta música o por cierta comida, una preferencia por la privacidad online, e incluso la tendencia a intentar o siquiera pensar en cometer suicidio. Todo esto influye a través de redes “como piedras arrojadas a un estanque”, según Nicholas Christakis, sociólogo médico de la Harvard Medical School de Boston, EEUU.
Somos criaturas sociales, y mucho de lo que devenimos y de lo que hacemos viene determinado por fuerzas que están fuera del pequeño círculo que trazamos a nuestro alrededor. Según Duncan Watts, sociólogo de la Universidad de Columbia, Nueva York: “Si fuéramos conscientes de los efectos del contagio social, podríamos hallar formas de contrarrestarlo, o usarlo en nuestro propio beneficio”. Viene a decir que hay que sacar provecho de nuestros amigos, y de forma inteligente.
Para hacerse una idea de qué va todo este asunto, tomemos los hallazgos de Christakis con respecto a la propagación de la felicidad. Su equipo supervisó una red de varios miles de amigos, familiares, vecinos y compañeros de trabajo que forman parte del Framingham Heart Study (estudio del corazón de Framingham). Hallaron que la gente feliz tiende a juntarse en cúmulos, no porque se orienten naturalmente los unos hacia los otros, sino por la forma que tiene la felicidad de extenderse a través del contacto social a lo largo del tiempo, sin tener en cuenta la elección consciente de amigos.
Christakis también averiguó que la felicidad de una persona depende no solamente de la felicidad de un amigo inmediato, sino también –en un nivel me­nor– de la dicha de un amigo del amigo, y de la del amigo del amigo de su amigo. Es más, las probabilidades que tiene alguien de ser feliz se incrementan cuanto mejor conectado está con gente feliz, y por consiguiente, cuanto mejor conectados estén su familia y amigos. “La mayoría de la gente no se sorprenderá de que las personas que tienen más amigos sean más felices, pero lo que realmente importa es que esos amigos también sean felices”, explica Christakis.
La tentación vive al lado
Si un buen amigo que habita a un par de kilómetros de tu casa de repente se vuelve feliz, esto incrementa –segun el estudio de Christakis– las posibilidades de que tú te vuelvas feliz más de un 60%. Para un vecino que viva en la puerta de al lado, el número baja hasta aproximadamente la mitad, y para un hermano que viva cerca, de nuevo la mitad.
Es sorprendente que una pareja que cohabite contigo marque una diferencia de solo un 10%, lo que coincide con otra observación peculiar que se obtiene de algunas epidemias sociales: se extienden mucho más eficazmente por medio de amigos del mismo sexo. Todo esto plantea una pregunta: ¿cómo puede ser contagioso algo como la felicidad? Algunos investigadores piensan que uno de los mecanismos más probables puede ser el mimetismo empático.
Los psicólogos han demostrado que la gente copia inconscientemente las expresiones faciales, la forma de hablar, la postura, el lenguaje corporal y otros comportamientos que tienen quienes les rodean; a menudo con notable velocidad y exactitud.
Después, eso provoca, por medio de una especie de retroalimentación neural, que experimenten realmente las emociones asociadas con el comportamiento en particular que están imitando.
Barbara Wild y sus colegas de la Universidad de Tubinga, Alemania, han hallado que, cuanto más fuerte sea la expresión facial, más fuerte es la emoción experimentada por la persona que la observa. Ella cree que este proceso está muy integrado en nosotros, puesto que actúa tan rápida y automáticamente.
Otros han sugerido que funciona por medio de la acción de las neuronas espejo, un tipo de células cerebrales que se cree que disparan su actividad en dos circunstancias: tanto cuando llevamos a cabo una acción como cuando vemos a alguien realizándola. Eso quiere decir que si imitas los gestos de alguien feliz, probablemente empieces a serlo también tú un poco.
Hay un montón de evidencias de contagio emocional fuera del laboratorio. En 2000, Peter Totterdell, de la Universidad de Sheffield, Reino Unido, halló una asociación significativa entre la felicidad de jugadores de críquet profesional durante un partido y la felicidad media de sus compañeros de equipo, independientemente de otros factores, como el hecho de si el partido lo estaban ganando en ese momento o no. Encontró un efecto similar entre enfermeras y oficinistas.
También se ha demostrado que si un estudiante universitario sufre de una ligera depresión, su compañero de cuarto se irá deprimiendo progresivamente a medida que siga viviendo con él; y además, que las muestras emocionales de los empleados de banco tienen un impacto directo en el ánimo de sus clientes.
Si tú comes, yo como
Esto en cuanto a las emociones, pero ¿qué pasa con otros fenómenos que pillamos sin querer, y pegamos a los demás, a través de nuestras redes sociales? En 2007, el equipo de Christakis –de nuevo siguiendo la pista a miembros del Framingham Heart Study– halló que la obesidad se transmite de una forma muy similar a como lo hace la felicidad.
El riesgo que corres de ganar peso se incrementa significativamente cuando tus amigos se ponen kilos, y también se ve afectado por el peso de gente que está más allá de tu horizonte social.
“La obesidad parece extenderse por medio de lazos sociales”, dice Christakis. Otra vez, lo propenso que seas a contagiarte depende de con quién interactúas: después de controlar factores como la diferencia de estatus socioeconómico, los investigadores averiguaron que las probabilidades que tiene un individuo de volverse obeso se incrementaban un 57% si uno de sus amigos se volvía obeso, un 40% si lo hacía un hermano y un 37% si quien se convertía en obeso era el cónyuge, independientemente de la edad. Sin embargo, los vecinos no tienen ninguna influencia, y cuenta bastante poco lo lejos que vivas de un amigo, lo que implica que la obesidad se extiende por medio de un mecanismo diferente del de la felicidad.
Más que el mimetismo del comportamiento, la clave parece ser la adopción de normas sociales. En otras palabras: a medida que veo que mis amigos ganan peso, esto cambia mi idea de lo que es un peso aceptable.
Una similitud con la felicidad es que los amigos y familiares tienen mucha mayor influencia si son del mismo sexo. “Las mujeres miran a otras mujeres, los hombres miran a otros hombres”, dice Christakis.
La felicidad, la obesidad, el tabaquismo…, resulta que son actividades regidas por fuerzas sociales. Dice Christakis que cuando la gente deja de fumar, lo hace normalmente con un verdadero cúmulo de amigos, familiares y contactos sociales. A medida que lo va dejando más gente, esta actitud se vuelve la única socialmente aceptable, y aquellos que deciden seguir fumando se ven paulatinamente marginados a la periferia de la red social.
¿La abuela fuma?
En este caso, la gente se ve más fuertemente influida por los más allegados: si tu cónyuge deja de fumar, tienes un 67 por ciento más de probabilidades de que tú también lo hagas.
A pesar de que el mecanismo de contagio social varía dependiendo del fenómeno que se expanda, en muchos casos la dinámica es similar. Por ejemplo, Christakis ha hallado que con la felicidad, la obesidad y el tabaquismo, el efecto en el comportamiento de otras personas llega a tres grados de separación, y no más allá. Él aventura que este podría ser el caso de la mayoría, o incluso de la totalidad de los rasgos transmisibles. ¿Por qué tres grados?
Una teoría es que las redes de amigos son inherentemente inestables, porque los amigos periféricos tienden a desaparecer. “Mientras que tus amigos seguramente serán los mismos dentro de un año, los amigos de los amigos de tus amigos tienden a ser gente completamente diferente”, explica Christakis.
Factores concretos determinan quiénes son nuestros amigos: dónde vivimos, dónde trabajamos, el tamaño de la familia, la educación, la religión, los ingresos, nuestros intereses y nuestra tendencia a gravitar hacia gente similar a nosotros.
Siempre seremos vulnerables a lo que hacen quienes nos rodean, de modo que asegúrate tanto como sea posible de que estás con la gente apropiada (resulta que mamá tenía razón). Recuerda el nuevo adagio: somos con quienes nos mezclamos.

viernes, 27 de febrero de 2009

Las emociones Negativas







Sobre la no-identificación con las emociones negativas






Una práctica interesante y liberadora es la no-identificacion con las emociones negativas.¿Qué son y cómo se generan las emociones negativas?
Son emociones negativas todo aquel sentir interior que lo arrastra a uno hacia el lodo, hacia el lado oscuro, desagradable de uno mismo.
Cuando captamos que algo en nuestra mente se está complicando, enredando y llevándonos a sentirnos mal con uno mismo, en ese momento, estamos frente a una emoción negativa.Muchas de estas emociones se originan siguiendo una pauta que con el tiempo, si observamos bien, resulta repetida y por lo tanto, reconocible.Obsérvate.Tu tienes una experiencia cualquiera, que captas a través de tus sentidos y recibes en forma de impresiones, y resulta que cuando estas impresiones llegan a tu mente, estas se asocian con ideas antiguas. Entonces estas ideas, estos pensamientos, estos recuerdos preexistentes literalmente trastocan y transforman estas nuevas impresiones, arrastrándote hacia un espacio interno negativo, pesado, indeseable.Así sucede.Así es como se originan muchas de las emociones negativas.Son fruto de un encadenamiento de asociaciones mentales involuntarias y muy perjudiciales. Como no le ponemos atajo a este proceso mental, porque ni siquiera nos damos cuenta que esto sucede, en tu mente comienza a desplegarse un rollo de pensamientos y emociones cargadas de energía negativa, con las cuales nos identificamos y por las cuales somos arrastrados.Hay que notar que para ser felices no nos falta nada que ya no tengamos, nada nos falta que pueda producirnos y justificar la ansiedad y angustia que a veces sentimos. Porque para ser felices no se trata de obtener algo que nos falte, sino de tratar de desembarazarse, lo más rápido posible, de algo que nos sobra: las emociones negativas. Ellas son las que nos impiden obtener la tan ansiada felicidad.Ahora bien, liberarse de esta clase de emociones, no-identificarse con ellas, es un hecho extraordinario y perfectamente posible.
El método consiste en decirle NO a las emociones negativas.Consiste en reconocerlas en el momento preciso en que comienzan a formarse, cuando las nuevas impresiones empiezan a mezclarse con esas ideas, pensamientos o recuerdos preexistentes de que ya hablamos.Cuando estamos conscientes, podemos darnos cuenta que si permitimos que se desarrolle en nuestra mente ese rollo negativo, producto del proceso de asociaciones que ocurre en esa misma mente, el asunto no tiene otro destino que una mala onda; es en ese preciso momento que uno tiene que "negarlas", no darles cabida, no permitir que respiren siquiera.
Tenga en cuenta que una emoción negativa es siempre algo agregado a la experiencia. Algo que uno le agrega a lo que verdaderamente sucede.Algo que ocurre en nuestras mentes y no en la realidad.
Por ejemplo: cuando tu te pegas un martillazo en un dedo y además del dolor, comienzas a pensar en la mala suerte que tienes, en lo poco diestro que has sido, en que ese dedo hinchado no te va a permitir trabajar como hubieras querido, en que si tiene el dedo quebrado, en que tendrás que ir al médico y que eso casi siempre es muy caro y que entonces tendrás problemas con tu presupuesto, justo cuando querías hacerle un buen regalo a tu novia.....
Ejemplo clarísimo de como el encadenamiento de asociaciones negativas se puede apoderar de ti.Como ves, estos pensamientos son absolutamente agregados al hecho de haberte golpeado un dedo con el martillo y haber sentido dolor.Queda claro entonces que todo aquello es producto de un proceso mental negativo. Un agregado mental que está demás, que es prescindible y que no sirve para nada bueno, sino que nos resta, nos quita energías y nos entristece.¿Lo puedes ver con claridad?Es perfectamente posible vivir sin que esta cadena de asociaciones negativas tenga lugar.

LIBÉRATE !!!!Recuerda y repite para tí mismo:
"Todo esto sucede en mi mente y no en la realidad".
Tómalo si quieres, como un vil engaño de tu mente indisciplinada, específicamentede tu intelecto donde uno, en forma errada, vive la mayor parte del tiempo, reduciendo toda la existencia a su dominio.Hay que comenzar a entender que reducir la vida al plano del intelecto es condenarse a vivir una vida disminuida. Lo triste es que realizamos todos estos procesos sin darnos cuenta, desperdiciando la vida, identificándonos con ilusiones, la mayoría de ellas; negativas, violentas, depresivas y hasta infernales.En resumen; las emociones negativas existen en la medida que les permitimos su existencia. Sólo si no estamos atentos para detenerlas en el momento preciso en que se empiezan a formar, sólo si insistimos en creer que son inevitables y no hacemos el esfuerzo debido por descubrir y comprender su condición de mero agregado psicológico, prescindible. Sólo ahí somos víctimas de las emociones negativas, nos dejamos llevar por ellas y regir nuestra vida.

LIBÉRATE !!!

Ponga mucha atención y voluntad en tus pensamientos, revisa de donde vienen, si tienen que ver con la realidad palpable o si son creaciones de tu propia mente. Con el paso del tiempo, práctica y una profunda comprensión de que estas emociones negativas tan sólo te complican más tu existencia, podrás ir cambiando tu realidad, transformando tu entorno y lograrás ser una persona feliz y sencilla.

"Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla - Teresa de Calcuta "


!! Que Dios te bendiga !!

sábado, 31 de enero de 2009









lAS COSAS HAN CAMBIADO


Resulta interesante detenernos a ver como ha cambiado la vida. Anteriormente nuestros abuelos permanecían casados, exactamente como lo dice la iglesia hasta que la muerte los separe y formaban matrimonios de cuarenta, cincuenta e incluso hasta sesenta años de vida en común, llegaban a tener desde un hijo hasta trece con la misma mujer, la esposa se dedicaba cien por ciento a la educación, crianza y formación de sus hijos, no le importaba dejar a un lado su realización profesional con tal de obtener el diploma de excelencia como la mejor madre.
Tal vez, como éramos menos gente en el mundo, el padre podía proveer en su totalidad todo lo necesario para el hogar, y entonces la familia se componía de: papá trabajando para que la familia tuviera todo lo que necesitaba mientras que la madre se encargaba del hogar, no tenía que salir a trabajar para ayudar al sustento de aquella casa podía darse el lujo de estar con sus hijos.
En el caso de nuestros padres, la situación ha variado un poco en relación a los abuelos, algunas mujeres de esa época tuvieron la oportunidad de realizar una carrera universitaria, la cual les permitió desarrollarse profesionalmente para tiempo después casarse y dedicarse a la familia, los hombres tal vez se ven un poco más presionados por llevar el sustento al hogar debido a que la competencia entre las actividades comienza a incrementarse, pero aún se observa la duración de los matrimonios y la formación moral en los hijos.
Hoy en día estamos viviendo una época de cambios muy marcados, las parejas jóvenes tal parece no conocer el verdadero significado de la palabra: matrimonio para toda la vida, ya que en su lengua moderna ahora se hace llamar matrimonio desechable, ¡si no me gusta me voy!
Pero cuando los matrimonios actuales permanecen y forman una “familia” los padres que se hacen llamar de sociedad no les prestan atención a los hijos, solo en darles todo lo material que deseen; se enfrascan en los negocios, en la competencia por conseguir el auto de moda, la ropa de marca, en ser un jugador profesional de golf, aunque solo llegue a ser incipiente, pero eso sí, llevando los palos de golf más exclusivos y caros, mientras que las madres se han convertido en un artículo de competencia entre las supuestas amigas para llegar a ser unas mujeres vanas y materiales, se ocupan de estar todo el día en el club, (porque es lo nice) tomando la clase de tenis, spin, pilates, natación para después relajarse en el sauna, tomar algún masaje desestresante, bañarse, para finalmente salir a que la estilista del club peine sus cabellos a la última moda, en caso de encontrar a tus amigas-rivales porque cada una desea ser la mejor y la que más tiene, fumar algún cigarrillo e incluso si el día lo amerita tomar una copa para después salir corriendo por los niños al colegio a las tres de la tarde, siendo que los críos tienen su hora de salida a las dos, aunque si algunas cuentan con chofer pueden seguir relajándose del mundo exterior.
Recoger a los niños de la escuela y de nuevo al club, comer ahí, algún snack mientas el esposo intenta aprender golf, por la tarde las clases de cada niño, que si tenis, equitación, natación y es un correr de lado a lado del club para alcanzar cada clase y no perder ni una sola, la membresía es algo cara y no se puede desperdiciar ni un minuto de tiempo, indispensable resulta aprovechar al máximo.
Durante el tiempo que los niños realizan sus actividades, mamita vuelve a la carga con sus amigas, debe esperarlos mientras disfrutan sus clases; así que matará el tiempo platicando nuevamente de lo que está “in” y de lo que está “out” fumando varios cigarrillos, con tal de parecer interesante, y por supuesto compitiendo entre ellas para conocer quien tiene más operaciones en el cuerpo, puesto que ir con el cirujano se ha vuelto algo tan cotidiano como ir al super.
Ya por las seis, siete de la noche, los pequeños harán parte de la tarea, o toda, si el tiempo lo permite, -¡que importa!- mañana será otro día. El propósito principal era que tomaran cada una de las clases que ofrece el club y lo habían conseguido.
Finalmente bañarlos en las lujosas regaderas acondicionadas en el área de vestidores, incluso ponerles pijamas para en casa no perder tiempo en cambiarlos de ropa, hacer de regreso a casa media hora de camino, darles de merendar y a dormir porque mamita actual, la moderna, está muerta de cansancio y debe de arreglarse para ir a tomar el café con la cukis y makis.
De igual forma resulta interesante detenernos a pensar lo siguiente: actualmente estos padres modernos les proporcionan a sus hijos un nivel de vida bastante elevado, su vida gira en torno al club, a portar ropa de marca tanto para el tenis, golf, viajes al extranjero que resultan cotidianos, cursos de verano en escuelas de gran nivel, etc. se fomenta una serie de exigencias, que con el tiempo tal vez sean difíciles de poder cumplir a los hijos, y sobre todo de mantenérselas, entonces esto provoca nuevamente en la familia una desunión total.
Las madres de los chicos se limitan a formar parte del mundo creado por el dinero, con el paso del tiempo volverán la vista atrás y se darán cuenta de que su vida la desperdiciaron en tonterías y en cosas vanas. Si en este momento alguna de ellas quedara viuda -¿que pasaría?-
Ni siquiera podrían hacer pasteles para vender porque nunca tuvieron la necesidad de hacerlo ya que eso no era algo “in”.
No podrían seguir con el ritmo de vida acostumbrado, a menos de que heredara una fortuna millonaria, algo que en estos tiempos resulta difícil de tenerse. En caso de que si contara con una gran fortuna, por todos es sabido que si no se trabaja para incrementar la misma y solo se llevan a cabo gastos el dinero por mucho que se tenga se va como agua de nuestras manos.
Y yo me pregunto ¿realmente conforman una verdadera familia?
La respuesta correcta: De acuerdo a los estándares de la sociedad sí, porque está formada de papá, mamá e hijos.De acuerdo a funcionalidad no, nunca, de ninguna manera, son personas que habitan bajo el mismo techo, fingiendo tener los mismos intereses.
No podemos considerar una verdadera familia a grupos como los ya mencionados, que se la pasan corriendo de un lado a otro, buscando solo destacar por lo que se tiene en el aspecto económico y no por lo que se es en esencia, conocimiento, valores, moral, cultura, etc.
Las familias jóvenes debemos de luchar día a día por fomentar en nuestros hijos el verdadero significado de la misma, la unión entre sus miembros, la ayuda mutua, pero sobre todo hacer conciencia en nuestros pequeños de que los seres humanos valemos por lo que somos y no por lo que tenemos.
El materialismo no nos llevará más que a un mundo de competencia, envidias e insatisfacciones, provocado por nosotros mismos.
Probemos intentar convivir con nuestra pareja, los hijos, descubrir un mundo nuevo, realizando un divertido día de campo, un partido de fútbol familiar, jugar a la escuelita, a tomar el té, enseñarlos a pedalear en la bicicleta, tantas actividades que nos pueden ayudar a estar juntos y conocernos mejor.

domingo, 25 de enero de 2009

Después de un tiempo




Después de un tiempo…

Después de un tiempo percibes una sutil diferenciaentre dar una mano y socorrer un alma...


Y aprendes que amar no significa apoyarse,


Y que compañía no siempre significa seguridad.


Comienzas a aprender que los besos no son contratos,


y los regalos no son promesas;


aprende a construir todas tus calles en el hoy


porque el terreno del mañana es muy incierto para hacer planos ...


y el futuro tiene la costumbre de caer en medio del vacìo ...


Empieza a aceptar tus derrotascon la cabeza erguida y la mirada para adelante,


Con una sonrisa adulta y no con la tristeza de un niño ...


Después de un tiempo aprendes que el sol quema si quedas expuesto por mucho tiempo


Y aprende que no importa cuanto te valores, a algunas personas simplemente no les importas ...


Y acepta que no importa cuan buena sea una persona ,


te va a herir de vez en cuando,


por lo que necesitaras perdonarla ...


Aprende que hablando puedes aliviar dolores emocionales ...


Descubre que lleva años para construir confianza y apenas unos segundos para destruirla ...


Que puedes hacer cosas en un instante de las que te arrepentirás por el resto de tu vida ...


Aprende que las verdaderas amistades continúan creciendo aun a la distancia.


Y que lo que importa no es lo que tienes en la vida, sino quién eres en esta vida ...


Y que los buenos amigos son la familia que se nos permite escoger ...


Aprende que no tenemos que cambiar de amigos si comprendemos que los amigos cambian, Aprecia que tú y tu amigo pueden hacer cualquier cosa o no hacer nada,y aùn asi tener buenos momentos juntos ...


Descubre que las personas que mas te importan en la vida pueden tener una vida muy corta,


por eso, siempre debemos dejar a quienes amamos con palabras amorosas;


puede ser la última vez que las veamos ...


Aprende que las circunstancias y los ambientes tienen influencia sobre nosotros, pero somos responsables por nosotros mismos ...


Comienza a aprender que no se debe comparar los unos con los otros,


sino con lo mejor que podamos ser ...Descubre que lleva mucho tiempo para volverse la persona que se quiere ser...


Es que el tiempo es corto.


Aprende que no importa donde ya llegaste,


sino adonde estas yendo, pero si no sabes para donde estas yendo


, cualquier lugar sirve ...


Aprende que, o controlas tus actos, o ellos te controlarán,


y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad,


pues no importa cuán delicada y frágil sea una situación,


siempre existen dos lados ...


Aprende que los héroes son personas que hicieron lo que era necesario hacer,


enfrentando las consecuencias ...


Aprende que la paciencia requiere mucha práctica ...


Descubre que algunas veces quien esperas que te patee cuando estas caído es una de los pocos que te ayudan a levantarte ...


Aprende que la madurez tiene mas que ver con los tipos de experiencia que se tuvo y con lo que aprendiste con ellos que con cuantos años has celebrado ...


Aprende que hay mas de tus padres en tí de lo que supones ...


Descubre que sólo porque alguien no te ama de la manera que quisieras que te ame,


no significa que no te ame con todo lo que puede,


pues existen personas que nos aman,


pero simplemente no saben como demostrarlo o vivirlo ...


Aprende que no siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tienes que aprender a perdonarte a ti mismo.


Aprende que con la misma severidad con que juzgas,


serás en algún momento condenado...


Aprende que no importa en cuántos pedazos tu corazón fue partido, el mundo no espera que te recuperes...


Aprende que el tiempo no es algo que se pueda voltear para atrás ...

Por lo tanto,


planea tu jardín y decora tu alma,


en vez de esperar que alguien te traiga flores...


Aprende que realmente puedes soportarlo, que realmente eres fuerte,


y que puedes ir mucho mas lejos después de pensar que no se puede más...

WILLIAM SHAKESPEARE

domingo, 11 de enero de 2009







Lo que los adolescentes esperan escuchar
A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.
Cinco mensajes que quieren oír



¿Los pronunciamos alguna vez?
¿De qué hablamos con nuestro hijo adolescente?



Quizá, lo primero que se nos venga a la cabeza sean los gritos a causa de las notas o porque el fin de semana ha llegado más tarde de lo habitual a casa. A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.
Si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a reconvenciones y críticas...
Y, sin embargo, nuestro hijo tiene unas necesidades especiales de comunicación: espera que tomemos la iniciativa.
Describiremos en detalle los cinco mensajes que la mayoría de los adolescentes - nuestro hijo también - están deseando oír de nuestros labios. Sus necesidades especiales de comunicación requieren de nuestra parte una postura más activa.




ORGULLO
MENSAJE PRIMERO: "Estoy orgulloso de ti".




Con esta frase tan simple, ayudamos a construir la autoestima de nuestro hijo. Es probable que se la digamos cuando consigue algún éxito, pero un adolescente la necesita especialmente cuando falla. Estamos orgullosos de él porque es nuestro hijo... y no hacen falta más motivos. Y, sin embargo, muchos adolescentes de hoy en día pueden no tener la suerte de escuchar este mensaje a menudo.
Deberíamos estar orgullosos de nuestro hijo y reconocerle por lo que es y por los esfuerzos sinceros que hace por mejorar, sin compararle con otros y sin establecer metas arbitrarias como sacar todo sobresaliente, por ejemplo. Sentirse orgulloso de un hijo no debería de los puntos anotados en un partido de baloncesto, por ejemplo, ni de las notas conseguidas.
Puede que resulte difícil estar orgulloso de un hijo cuando toma decisiones equivocadas o cuando falla. Sin embargo, nunca, nunca, debemos permitir que se esfume el cariño. Cuando falle, no diremos: "no llegarás nunca a ninguna parte". Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente. En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: "estoy disgustado contigo como ser humano".
AQUÍ ESTOY
MENSAJE SEGUNDO.
"Puedes acudir a mi para que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte".




Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: "mis padres están ahí". Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.
Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. Así, dejamos claro a nuestro hijo que: "Eres importante para mi", "me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado", "me gusta escuchar tus ideas y opiniones". Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo.




COMPRENSIÓN
MENSAJE TERCERO: "Quiero comprenderte"




A veces, es frustrante ser padre. Continuamente oyendo los prejuicios de los quinceañeros que afirman que somos una generación antigua y que no les comprendemos... No hay duda; es difícil comunicarse con los adolescentes.
Muchas veces, cuando nuestro hijo nos acusa de que no le comprendemos es tan sólo una manera de defenderse.
Confunde "no comprender" con "no estar de acuerdo", por lo que no hemos de dejar que nos manipule. Si nos acusa de que no le comprendemos, hemos de decir a nuestro hijo que nos ayude: "Quiero comprenderte, cuéntame más, que sientes...".
Si tenemos la sospecha de que lo único que ocurre es que simplemente no estamos de acuerdo con él, podemos repetir lo que nos dice, sus argumentos, sus ideas, hasta que se dé por satisfecho y entonces: "Ves que comprendo lo que quieres decir y por qué; si no es así, quiero llegar a comprenderlo. Pero me parece que nuestro problema no es de falta de comprensión sino de falta de acuerdo



".CONFIANZA
MENSAJE CUARTO: "Confío en ti".




Contar con la confianza de sus padres es importante para un adolescente. "Lo más dañino que me han dicho mis padres en mi vida fue que nunca podrían volver a confiar en mí".
Nuestro hijo necesita que le digamos que nuestra confianza en él se desarrollará gradualmente en la medida que adquiera nuevos conocimientos y experiencias en esas situaciones que requieran la confianza. No podemos pretender que nuestro hijo de quince años conduzca un coche - aparte de que es ilegal - porque no tiene la experiencia necesaria que nos permita confiar en su buen juicio.
Pero hay otra razón por la que nos cuesta tanto a los padres confiar en nuestros hijos. Nos conocemos bien a nosotros mismos y, seguramente, hemos experimentado de primera mano todos los riesgos, situaciones y peligros de esta etapa. Sabemos qué fácil es ceder a las presiones del ambiente cuando no se está preparado. Esto nos previene de dar a nuestros hijos una confianza sin límites.
De hecho, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo de padres si permitimos que nuestros hijos se encuentren en situaciones donde el grado de riesgo es más elevado que su nivel de madurez.




CARIÑO
MENSAJE QUINTO: "Te quiero".




A veces, podemos perder muchas oportunidades de expresar amor y cariño - y de recibirlo - sólo porque no nos lo hemos propuestos como un objetivo consciente. Y, sin embargo, es el mensaje más importante que chicos y chicas quieren oír de sus padres.
El amor es el ingrediente esencial de una familia sana. Un "te quiero", dicho en voz alta y a menudo, nos ayuda a saber quiénes somos y por qué hemos nacido. Cuando un adolescente no está seguro del amor de sus padres, los otros cuatro mensajes anteriores no significan nada. Necesitan que le digan que les quieren y que se lo demuestren. ¿Cómo pueden estar seguros de que les quieren si nunca se lo han dicho? ¿Cómo pueden estar seguros si sus padres nunca pasan el tiempo con él?
La manera de demostrar el amor a un hijo se deletrea con estas letras: T - I - E - M - P - O. Darle regalos, proveerle de comida y ropa, mostrarle cariño de otras maneras está bien, pero también hay que estar dispuesto a perder tiempo con nuestro hijo adolescente: ir de pesca, ir de tiendas juntos...
Relacionarse, comunicarse, cuesta trabajo. Esto ocurre en el matrimonio, en la amistad... y en la relación entre padres e hijos. Con un adolescente cuesta más, porque crece y gana más independencia constantemente, y por eso puede llegar a frustrarnos. No dejemos que ocurra en nuestra familia.
PARA PENSAR




- ¿Le has dicho alguna vez a tu hijo: "Hijo, ¿sabes que estoy orgulloso de ti, y no me importa nada más?" La palabra orgullo en este contexto se relaciona cercanamente con la de amor. Así, su hijo sabrá que quieres decirle que estan felices porque él es su hijo.
- Cuando mejoren su modo de escuchar, su hijo también aprenderá a escuchar mejor. Imagina el impacto positivo que tendrá en la calidad de la conversación en su hogar.
- Su hijo adolescente necesita abrir una cuenta personal de autoestima basada en lo que es como persona, no por sus actuaciones diarias. Así, cuando falle, puede retirar de esa cuenta la cantidad necesaria. Si no tiene ese reconocimiento, puede acudir a lugares equivocados en su busca.
- No se trata de decir: "Comprendo exactamente cómo te sientes". Suena a querer desmarcarse de sus sentimientos y querer buscar una solución rápida al problema.
- Existe el peligro de poner un nivel demasiado alto a los hijos. Si los adolescentes llegan a creer que necesitan sacar todo sobresalientes para que sus padres les acepten, pueden deducir que a sus padres sólo les importa los éxitos... no las personas. Y así, como resultado, no intentarán hacer lo mejor que puedan.
- Es importante que le ayudes a tener esta distinción clara en la cabeza: se puede aceptar a la persona aunque no se apruebe el comportamiento. Estoy orgullosos de él, porque es su hijo, pero no de lo que ha hecho, dejándole claro que su enfado se refiere sólo a sus acciones, no a él como persona.




... Y ACTUAR
Podemos ser tan despistados, ocupados en tantas cosas intrascendentes, que nos olvidemos de las necesidades comunicativas de nuestros hijos. Si disponemos de una agenda de trabajo, o un calendario que veamos todos los días, podemos hacer alguna señal para recordar: "Ojo, en esta semana no he hablado con mi hijo ni una sola vez".

domingo, 7 de diciembre de 2008

GANAR AUTORIDAD




¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?



Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, usted, como todos -yo también- en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No se preocupe por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intenta educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.
Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:
La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.
Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.
El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.
Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también. Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".
Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...
No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.
No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.
No escuchar. Dodson dice en su libro
El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.
Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.
Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.





Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:
Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.
Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.
Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.
Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.
Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.
Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.
Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.
Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.
Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.
Educar es estimar, decía Alexander Galí. El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.
El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

martes, 25 de noviembre de 2008

!!!QUIERO TODOS LOS JUGUETES¡¡¡








Pongan los catálogos de Navidad, las tarjetas de crédito, la cartera y la carta a los Reyes sobre la mesa y nadie saldrá lastimado…



Eh, no quiero que suene a amenaza -no tengo madera de gángster- pero cuidadito con salir a hacer las compras de Navidad sin haber leído este artículo. Luego no me vayan a salir con que a Juana la bolsearon o con que a Petra le dan calambres (mexicanismo que significa: con una excusa barata) y vengan a llorarme a mi terapia.
¿Saben? Podría dedicar esta entrada a contarles las virtudes de tal o cual comercio, a recomendarles juguetes educativos o gangas vistas en algún catálogo, pero creo que eso ya lo podemos ir haciendo sobre la marcha conforme se acerquen las fiestas.


Ahora mismo lo que me urge es compartir con ustedes algunas reflexiones de esas que te atacan a media ducha, mientras planchamos la ropa, en pleno atasco y en la cola del supermercado.
¿Tu hijo quiere todos los juguetes que existen?


Tu hijo quiere lo que ve.
Llegó la hora de interceptar los catálogos,


racionar la televisión y limitar las visitas al centro comercial.


Nuestros hijos piden todo lo que ven no porque sean caprichosos, tiranos o avariciosos…


¡piden porque pueden¡


porque los hemos enseñado a pedir,


porque les damos demasiadas opciones!


(los adultos somos igualitos, pero nadie nos llama caprichosos, sino “consumidores con posibilidades económicas).


Yo nunca vi un catálogo cuando era niña y siempre tuve claro lo que quería.


Por supuesto, las cosas que pedía tenían nombre pero no apellidos:


da igual Mattel que Fisher Price, los niños no suelen fijarse en esos detalles


A MENOS que se los remarquen machaconamente una y otra vez en la tele y con esas armas de descapitalización masiva que son los catálogos navideños.


Qué desperdicio de papel cuché, por Dios, que derroche de colores y de precios exorbitantes.


En la medida de los posible, habría que mantener a los niños alejados de ellos (nosotros sí que deberíamos guardárnoslos bajo siete llaves, porque luego nos servirán para comparar precios entre tiendas):

Y si algún catálogo cae en sus manos, podríamos dejarles unas tijeras cerca como que no quiere la cosa para que hicieran “manualidades” (ninguno niño se resiste a esa idea, jejeje).
Un niño sin publicidad pide una muñeca, una pelota, una cocinita, un coche, no una Baby Sofía, la pelota de los Lunnis, la kitchen aid de Tefal o el coche de Spiderman. Por supuesto, es imposible evitarles toda clase de publicidad a nuestros hijos, pero podemos intentar hacer un esfuerzo para reducirla al mínimo.


Entre más pequeño sea el niño, más fácil será nuestra tarea.



¿Tu hijo quiere ese juguete en particular?




Tu hijo quiere lo que le han dicho que el juguete sabe hacer.



Otro motivo más para evitar la publicidad. Nos gastamos un DINERAL en juguetes tremendos de miles de piezas con ruidos supersónicos y la mañana de Reyes miramos muy ufanos cómo nuestro peque destroza el papel de colores, abre la caja y acto seguido… se pone a llorar como si se fuera a morir porque el deseado juguete es demasiado grande/demasiado pequeño, no vuela/no nada/no tiene musiquita “como el de la tele”.




¿Que qué ha pasado?




Pues que los niños no alcanzan a leer las letritas pequeñas de los anuncios, ésas que dicen “acción simulada” (y para nuestra mala suerte, nosotros tampoco leemos las que dicen “este juguete tiene un valor superior a 500 pesos)…



Eduquemos a nuestros hijos en el análisis de la publicidad. Si se muestran entusiasmados por un juguete en particular, hay que informarles de sus características reales haciendo énfasis en que lo que sale por la tele es ficción, y que los muñecos no son gigantes, ni vuelan ni nada por el estilo. ¿Y cómo podemos informarnos nosotros primero? Pues leyendo opiniones por internet, preguntando a otras personas y sobre todo, visitando alguna tienda de juguetes en donde nos permitan conocer el producto fuera de la caja (no todas las tiendas los tienen todos fuera, pero hay muchos que podemos fisgonear a nuestras anchas). Si esta visita es lo suficientemente temprana -o sea, yendo ya, vamos- nos dará tiempo a mirar todos los juguetes interesantes y tener ya la información en mano para cuando nuestros hijos empiecen la campaña navideña de acoso y derribo.
¿Tu hijo quiere ese juguete enorme/con mil piezas/ruidoso? Tu hijo no sabe lo que quiere y tú amablemente reconducirás su deseo hacia algo más… digamos… cómodo y compacto.
La Reyes del 2007 le dejaron a mi niño menor un triciclo y varios rompecabezas y a mí una lumbagia de narices. Me la pasé mal sentada en el suelo del salón ensamblando .


Sí, yo también me dejé engañar por la publicidad y me creí que el juguete saldría armado de la caja, que sería más sólido y que los muñequitos caminaban solos (vale, esto último no… pero lo demás me lo tragué enterito). Ostras, uno pensaría que en los 300, 400 o 500 pesos que cuesta el juguete ya va incluido el ensamblaje, jejeje .
Antes de comprar un juguete tendríamos que preguntarnos si estamos dispuestos -y capacitados- para montarlo. Y si nos cabe en casa sin tener usar gandes espacios para guardarlos… No es mala idea comprobar la resistencia del juguete, la dificultad en su uso y montaje y su tamaño incluso antes de mencionar su existencia a nuestros hijos. Y si a pesar de todo decidimos comprarle un juguete de esas características, les recomiendo encarecidamente que se pongan a la tarea de ensamblarlo un par de semanas antes aunque eso signifique tener que buscar una caja más grande y desechar la caja original, porque no hay nada más estresante que la mirada inquisidora de un enano de 4 años viéndote montar su regalo de Reyes…
¿Tu hijo quiere un juguete nuevo? A tu hijo no le importará reutilizar un juguete si se lo envuelves con mucho papel de colores
Las Navidades nos ponen como tontos a los adultos, la verdad. y nos ponemos a comprar lo que no necesitamos.
los niños no piensan como nosotros, porque sus criterios no estaban regidos por el factor económico, ni siquiera por el estético.
Es el momento de reutilizar juguetes, de reinventarlos agregándoles accesorios .


La creatividad al poder, y los billetes al bolsillo.
¿Tu hijo quiere ese juguete? Ese juguete lo quieres tú, no nos engañemos.
¿Cuál fue nuestro regalo estrella de la Navidad? ¿Nos acordamos de todos los regalos que nos hicieron cuando éramos niños? ¿Qué creemos que nuestros hijos recordarán con más detalle? Yo me acuerdo de las fiestas, la cena, los juegos con hermanos y primos. Los primeros recuerdos nítidos de los juguetes los tengo a partir de los los 9, 10 años. Y si antes me regalaron o no todo lo que pedí, lo dirán las fotos y los tíos, porque yo no me acuerdo. Y ni falta que hace.
. Con ellos habrá que negociar las cosas, hablarles con sencillez y claridad y tratar de llegar a un acuerdo. Pero con los peques más peques no hay que marear la perdiz, y ser muy muy conscientes de cuántas de esas compras compulsivas de juguetes obedecen a nuestras propias demandas desplazadas.
Tu hijo no necesita juguetes educativos que tú no pudiste tener.


¿Tu hijo quiere un juguete, dos, tres juguetes?




Tu hijo te quiere a ti, ¡y tú eres gratis!





¿Qué quieren los niños? ¿Qué estamos dispuestos a darles? Casi siempre es más fácil soltar 50 pesos por un juego “educativo” que sentarse con ellos a jugar un rato. Y por eso ese rato es un regalo dorado, lo que nuestro hijos pequeños aprecian sobre todas las cosas. Cuando crecen ya es otro cantar, nos cambian miserablemente por la Nintendo DS, pero ahora lo más sensato sería regalarles lo que de verdad quieren.
Y nuestros hijos nos quieren a nosotros, que no se nos olvide.